Es un hecho que el mercado inmobiliario en España está empezando a remontar de nuevo. Ya que la compraventa de viviendas se disparó en el año 2015, con un incremento del 11,1%. No obstante, con el objetivo de impulsar aún más este sector en nuestro país, algunos especialistas proponen observar el movimiento y las iniciativas adoptadas en otros países con el objetivo de alimentar aún más el dinamismo inmobiliario.
Una de las tendencias inmobiliarias que más están dando qué hablar son las hipotecas para poner en alquiler la vivienda comprada, una opción que ya está arraigada en Reino Unido (llevan décadas con ello) y que permitiría reducir el stock de vivienda de la banca y aumentar la oferta de inmuebles en arrendamiento.
Estos créditos se caracterizan por ir destinados a inversores de clase media, media-alta que tienen un importante ahorro previo y deciden destinar parte o todos esos recursos a la adquisición de un inmueble con la intención de sacarlo de inmediato en régimen de alquiler. Por ello, las hipotecas británicas para alquilar suelen conceder menos valor de tasación que un préstamo tradicional para financiar la casa en la que se reside. Como máximo se suele otorgar el 40%-50% del valor de tasación de la casa.
En cuanto a los plazos de amortización, no hay ninguna diferencia con las hipotecas tradicionales, por lo que son préstamos que se suelen suscribir a 20 e incluso a 30 años.
Pero no todos están de acuerdo con la medida, siendo los bancos españoles los más reticentes a ponerla en práctica, ya que ven un elevado riesgo de impago, al centrarse en la renta que percibe la persona que alquila la vivienda y no en la renta que ganará dicho propietario y que le permitirá hacer frente al crédito, como ocurre en Reino Unido, donde dan más valor a este último dato.
En conclusión, parece que la cultura y las posibilidades de la banca española aún están muy lejos de implementar un sistema parecido al de los británicos. Habrá que esperar aún unos años y esperar a que la situación económica actual termine de estabilizarse antes de explorar nuevos caminos.